No existe una regla que nos diga cuándo es conveniente acudir al psicólogo y pedir ayudar a un profesional. Hay muchos motivos; algunos de ellos serían:
- Cuando a nivel personal nos sentimos insatisfechos, decaídos, sin ánimo ni fuerzas para afrontar nuestro día a día. Tenemos sensaciones desagradables que bloquean nuestras vidas, a nivel mental y físico y desearíamos no estar así.
- Porqué nos apetece crecer personalmente, explorarnos y profundizar en nuestra complejidad. Autoestima, autoconfianza, autocontrol…
- A nivel relacional, con la pareja, con los hijos, con los hermanos, familia o amigos cuando se producen tensiones y malentendidos que hacen que entremos en dinámicas poco respetuosas y saludables para el otro y para uno mismo. Esto nos preocupa y es generador de malestar.
- Y también, se puede recorrer al psicólogo para asesoramiento y obtención de información frente los cambios que se producen a nivel vital: cómo gestionar una adolescencia, una jubilación, una dependencia de algún miembro de la familia, cómo gestionar se madre/padre, cómo poder poner límites y educar a tus hijos, etc. Es decir, preguntar dudas sobre el comportamiento humano, que suponen un cambio y dónde nos sentimos desorientados. La prevención es la mejor herramienta.
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